En la tranquila ciudad de Cagua, donde las calles se entrelazan con historias y leyendas, existe una narración que ha sido transmitida de generación en generación. Se dice que al final de la calle que conecta Cagua con Santa Cruz, un pequeño ser acecha en la penumbra, aguardando a los desprevenidos transeúntes que se atrevan a cruzar su camino.
Los ancianos del lugar cuentan que este ser, conocido como «El Mono de la Calle Oscura», no es un mono común. Su apariencia es horripilante: su piel es de un gris ceniciento, sus ojos son dos hendiduras rojas que brillan en la oscuridad, y sus dedos son largos y garras afiladas. Se dice que su risa es un eco escalofriante que resuena en la noche, un sonido que parece burlarse de quienes lo oyen.
Las primeras historias comenzaron a circular hace décadas, cuando un grupo de jóvenes decidió aventurarse a caminar por esa calle al caer la noche. De repente, uno de ellos vio una figura pequeña y encorvada al final del camino. Intrigados, se acercaron, pero el ser les lanzó una mirada penetrante que heló la sangre en sus venas. Sin previo aviso, comenzó a correr hacia ellos con una velocidad sobrenatural.
El pánico se apoderó del grupo. Uno a uno, comenzaron a correr hacia atrás, pero el mono demoníaco no se detuvo. Su risa resonaba cada vez más fuerte, como si se alimentara de su miedo. Aquellos que cayeron exhaustos en su huida jamás fueron vistos nuevamente; sus cuerpos fueron encontrados horas después, temblando y murmurando incoherencias sobre un ser que los había perseguido hasta el límite de sus fuerzas.
Con el tiempo, más relatos comenzaron a surgir. Personas que caminaban solas por la noche afirmaban haber sentido una presencia detrás de ellos, una sombra que los seguía en silencio. Al girarse, veían al pequeño ser al final de la calle, observándolos con una sonrisa macabra. Muchos aseguraron que la única forma de escapar era correr sin mirar atrás, pero el terror a menudo los paralizaba.
Los habitantes de Cagua comenzaron a evitar esa calle al caer el sol. Los padres advertían a sus hijos sobre el peligro de acercarse a la vía hacia Santa Cruz. Sin embargo, la curiosidad siempre ha sido más fuerte que el miedo. Algunos jóvenes desafiaban las advertencias y se aventuraban a comprobar la leyenda por sí mismos.
Una noche, un grupo de amigos decidió grabar un video para demostrar que no había nada que temer. Armados con linternas y teléfonos móviles, se dirigieron a la calle oscura. Al principio, todo parecía tranquilo, pero a medida que avanzaban, el aire se volvió más denso y frío. De repente, uno de ellos sintió un escalofrío recorrer su espalda y miró hacia atrás. Allí estaba: el Mono de la Calle Oscura, sonriendo y moviéndose hacia ellos.
El pánico estalló. Todos comenzaron a correr, pero uno de ellos tropezó y cayó al suelo. En ese momento, el ser se abalanzó sobre él. Sus gritos resonaron en la noche mientras sus amigos desaparecían en la distancia. Cuando finalmente regresaron con ayuda, solo encontraron su teléfono móvil tirado en el suelo, grabando el último momento antes de perderse en la oscuridad.
Hoy en día, la leyenda del Mono Demoníaco de Cagua sigue viva. Los habitantes continúan contando historias sobre él, advirtiendo a los viajeros que eviten esa calle al caer la noche. Algunos dicen que el ser sigue allí, esperando pacientemente a su próxima víctima, alimentándose del miedo y la desesperación.
Así que si alguna vez te encuentras caminando por esa calle solitaria entre Cagua y Santa Cruz, recuerda: no mires atrás y corre con todas tus fuerzas. Porque en la oscuridad, algo te está observando… y podría ser el último error que cometas.
SALA DE REDACCIÓN ARAGUA PRESS