Un 6 de septiembre de 1987, la tranquilidad del municipio Mario Briceño Iragorry se quebró para siempre. Ese día, Aragua fue testigo de uno de los desastres naturales más dolorosos de la historia contemporánea de Venezuela: la Tragedia de El Limón.
Las lluvias caídas sobre el Parque Nacional Henri Pittier superaron los 180 milímetros en pocas horas, una cifra equivalente a dos meses completos de precipitaciones. La montaña, saturada y desgarrada, liberó su furia en forma de agua, barro y enormes rocas que descendieron con violencia por el cauce del río El Limón. En su paso devastador, el alud arrasó viviendas, calles y comercios, golpeando con mayor fuerza a sectores como El Progreso, Mata Seca y gran parte de la propia urbanización El Limón.

El saldo fue desolador: cerca de un centenar de personas fallecidas, centenares de desaparecidos y heridos, y un dolor profundo en toda la comunidad. Cientos de familias quedaron damnificadas, viendo cómo la corriente se llevaba en segundos el trabajo de toda una vida.

La magnitud de la tragedia marcó un antes y un después en la gestión de riesgos en Venezuela. Hasta hoy, se recuerda como la inundación aluvial de mayor impacto en zonas urbanas del país, dejando una lección imborrable sobre la vulnerabilidad de nuestras ciudades frente a la fuerza de la naturaleza.

Treinta y ocho años después, cada aniversario es un acto de memoria y respeto hacia las víctimas y sus familias. Recordar El Limón no es solo rememorar la pérdida, sino también reconocer la fortaleza de un pueblo que, en medio del dolor, encontró la manera de levantarse y seguir adelante.


Hoy, 6 de septiembre de 2025, Aragua rinde homenaje a aquellos que partieron en aquella madrugada trágica, manteniendo vivo el recuerdo para que nunca se olvide que la montaña también guarda su furia.


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