La fiebre por los Labubus, unos peculiares muñecos de peluche coleccionables de ojos saltones y sonrisa puntiaguda, ha crecido hasta convertirse en un fenómeno cultural y comercial que domina las redes sociales. Aunque nacieron en China en 2015, su auge más explosivo se ha registrado en los últimos meses, impulsado por videos de unboxing, retos virales y un mercado que se agota en minutos.
Según explica la neurocientífica Loren, creadora de contenido en TikTok (@neuroloren), el magnetismo de estos muñecos no es casual: responde a una combinación de sesgos cognitivos que activan distintas áreas del cerebro relacionadas con el deseo, la urgencia y la pertenencia social.

Escasez y FOMO: el detonante
La especialista detalla que la falta de inventario en tiendas alrededor del mundo genera la sensación de que los Labubus son “imposibles de conseguir”, lo que automáticamente incrementa su valor psicológico.
Este fenómeno se relaciona con el FOMO (Fear of Missing Out), el miedo a quedar fuera de una experiencia colectiva.
Mientras algunos celebran conseguir uno, otros sienten ansiedad por no formar parte del momento. Ese impulso, señala Loren, “activa la urgencia de conseguirlo antes de que desaparezca”.

Efecto arrastre: cuando todos los quieren
A la escasez se suma el llamado efecto arrastre: si muchas personas muestran un producto en redes, el cerebro interpreta que debe ser valioso.
“Si todos lo tienen, tú también quieres uno”, afirma la neurocientífica. Instagram y TikTok han potenciado esta conducta, haciendo que lo que empezó como una tendencia puntual se convierta en un fenómeno global.
Originalidad y diseño kawaii: el sesgo de novedad
Otro elemento clave es el sesgo de novedad.
El diseño extraño, tierno y poco convencional de los Labubus —entre lo kawaii y lo monstruoso— hace que el cerebro los perciba como algo único en el mercado, reforzando el deseo de poseerlos.
Efecto halo: más adorables de lo que realmente son

Finalmente, Loren explica que el efecto halo exagera las cualidades positivas del peluche.
Al ver a miles de personas encantadas con los muñecos, el cerebro tiende a asignarles automáticamente atributos más “adorables” u “originales” de los que realmente tienen.
Un cóctel psicológico

“Esto no es solamente un muñeco, es un cóctel de sesgos cognitivos que hackean tu mente”, concluye Loren.
La viralidad, el diseño, la escasez y la presión social forman la mezcla perfecta para prolongar la popularidad de figuras que, como tantas modas de coleccionismo —Funko, Smiski, Sonny Angels— podrían mantenerse por años… o desinflarse de un día para otro.
ARAGUA PRESS / Basado en información de Infobae – Reportaje de Marta Sierra