La discusión sobre el futuro del trabajo avanza por caminos opuestos en distintas regiones del mundo.
En México, el debate legislativo se centra en reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales en un proceso gradual que culminará en 2030. En contraste, en China persisten dinámicas donde los trabajadores laboran sin fines de semana y con esquemas de pago diferido de hasta tres meses.
Trabajo sin descanso en China
Adrián Díaz, emprendedor español radicado en ese país, relató en una entrevista que la retención de salarios es una de las estrategias más comunes para garantizar la permanencia de empleados.

“El trabajador entra a la empresa y no recibe su primer sueldo hasta transcurrido el cuarto mes de trabajo”, explicó. Este sistema, conocido como “triple salario diferido”, suele liquidarse durante el Año Nuevo Chino, lo que incentiva a muchos a cambiar de empresa tras recibir el monto acumulado.
A ello se suma el llamado esquema “996”: laborar de 9:00 de la mañana a 9:00 de la noche, seis días a la semana. El descanso se percibe como improductivo y muchos empleados consideran “antieconómico” permanecer en casa un fin de semana completo.
Un ejemplo ilustrativo es el de la secretaria de Díaz, quien, al recibir días libres de sábado y domingo, optó por buscar un segundo empleo.
México: hacia una jornada de 40 horas
En contraste, México avanza en un esquema de reducción progresiva de la jornada laboral. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) proyecta una transición que iniciará en 2026 con 46 horas semanales y concluirá en 2030 con la implementación de las 40 horas.
El titular de la STPS, Marath Bolaños López, aseguró que el ajuste gradual busca “evitar impactos abruptos” en las empresas y facilitar la adaptación, sobre todo en las pequeñas y medianas.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) respalda la medida, al considerar que menos horas de trabajo semanales favorecen la productividad, reducen los errores y fortalecen el equilibrio entre vida personal y laboral.
Dos modelos opuestos
Mientras en México se plantea una mayor calidad de vida con más tiempo de descanso, en China la prioridad sigue siendo la productividad y la continuidad de la producción.
El contraste refleja no solo las diferencias en políticas laborales, sino también las brechas culturales y económicas que marcan la manera en que cada país define el valor del trabajo y el tiempo libre.
CON INFORMACIÓN DE EL IMPARCIAL